Ruth Armijo, testimonio paciente recuperada Covid | Clínica Sanatorio Alemán

Ruth Armijo, testimonio paciente recuperada Covid

Compartir

“No podía estar en un lugar mejor”

Ruth Armijo Muñoz, de 63 años, tiene 2 hijos y un nieto y vive en la comuna de Puente Alto en Santiago. Permaneció grave internada en la UCI en Clínica Sanatorio Alemán por Covid-19, hoy está en proceso de recuperación en su hogar y acompañada de su familia.

“Realmente no sé cómo me contagié, los primeros días de mayo me llevaron al policlínico de Puente Alto, porque perdí el gusto y el olfato y de repente me venían dolores de cabeza, me hicieron el examen PCR y me mandaron a cuarentena por si acaso, mientras esperaba el resultado que salió negativo. A los días después empecé con bastante tos seca y mi hija llamó al Fono Covid, el doctor que la atendió me recetó paracetamol e inhalador por teléfono”, cuenta Ruth.

Relata que “después de eso me llevaron al poli nuevamente, pero yo no me acuerdo haber salido de la casa, sólo recuerdo que me dejaron en el servicio de urgencias del policlínico Raúl Silva Henríquez toda la noche, en observación y con oxígeno, porque no había ambulancia para que me llevaran al Sótero. Mi hija estuvo toda esa noche conmigo y dice que yo me ahogaba, no podía respirar bien.  Por lo que me cuentan, al otro día llegó la ambulancia, como a las 4 de la tarde, y ahí me trasladaron al hospital Sótero del Río, me hicieron esperar muchas horas en la camilla por falta de cama, ya después me hicieron pasar a una sala donde me acostaron, me examinaron y me pusieron boca abajo”.

Ruth dice que fue en el hospital donde le dieron el resultado positivo del segundo examen PCR “los doctores hicieron una junta médica en una salita y luego se acercan a mí y me dicen: señora usted está mal, tiene que firmar porque tenemos que intubarla e inducirla al coma, mis hijos no estaban en ese momento, así que firmé yo. De ahí me intubaron y no me acuerdo más hasta cuando desperté en Concepción, pero yo creía que estaba en el CRS de Puente Alto, que queda como a 5 o 10 minutos de mi casa”.

La señora Ruth ingresó el 25 de mayo al hospital Sótero del Río y el 27 de mayo fue traslada en el avión Hércules de la Fach hasta Concepción e internada en CSA hasta donde llegó en estado grave.

 “Cuando desperté no sabía si podía hablar, no lograba mover los brazos, ni las piernas, tenía las manos hinchadas de tanto pinchazo, y pasaron varios días hasta que empecé a reaccionar un poco”.

 “Recuerdo que cuando ya me extubaron e inicié el proceso de recuperación hablaba un poco gangosa, me preguntaban si me dolía la garganta, no me dolía nada, empecé a comer papilla y no hubo ningún problema. Luego comencé a hacer ejercicios, kinesiología en la mañana y en la tarde, y querían pararme, pero como tengo secuelas de polio y en el Sótero habían perdido mis zapatos con la prótesis, no me podían bajar de la cama, de a poco los kine lograron que me parara, pero sin dar ningún paso. Por la poliomielitis mi pierna derecha la tengo rígida, tengo una mano que apenas abro, no tengo mucha fuerza en ella, y el brazo izquierdo lo puedo levantar, pero con ayuda”, explica.

“Como anécdota a todos les decía que para qué me mentían, que les cuesta mandarme a mi casa. Según yo miraba a través del vidrio y estaba en el CRS de Puente Alto, en Santiago. Si hasta en videollamada también mis hijos me decían cómo te vamos a estar mintiendo y opté por no hablar más.  Lo único que sabía era que estaba internada por Covid, y que había estado más o menos no más, y cuando me dieron el alta me vine a enterar que sólo tenía la posibilidad del 10% de salvarme, eso les dijeron a mis hijos, entonces con mayor razón digo Diosito me dio otra oportunidad de vida”, cuenta Ruth.

“Estuve cerca de los dos meses en la Clínica, después aparecieron mis zapatos porque mi hijo puso el reclamo en el Ministerio de Salud y se hizo cargo una asistente social, entonces me dieron el alta”.

 “No podía estar en un lugar mejor, así que les pido disculpas por decir que me estaban mintiendo. Una vez le dije a un doctor, que saca con mentirle a la gente y él me siguió la corriente… ahora me doy cuenta que era verdad.  Y los kinesiólogos son un amor, Cristopher y Camila son un siete, si hasta los invité a mi casa, y me sigo comunicando con ellos. Todos los que trabajan en el Sanatorio son excelentes profesionales, no me puedo quejar, la atención es única”, enfatiza.

Ruth regresó a su hogar en Santiago el 10 de julio, y con ayuda de su hijo hace ejercicios para que pueda caminar y también reflexiona sobre lo que vivió “no me gustaría pasar por lo mismo otra vez, yo siempre le ha tenido miedo a la muerte, pero ahora con mayor razón, por eso yo le digo a la gente que se cuide”.

 


Compartir