“No me miraban como un número, sino como una persona” | Clínica Sanatorio Alemán

“No me miraban como un número, sino como una persona”

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Luis Armando Alarcón Ibaceta.

luis.alarcon

Una hepatitis farmacológica fulminante obligó a este trabajador social a someterse a un trasplante de hígado en Clínica Sanatorio Alemán. A un par de meses de la cirugía relata su experiencia límite. Un deterioro abrupto de la salud llevó a Luis Armando Alarcón Ibaceta (45) a acudir a la Urgencia de un centro asistencial a fines de febrero. Entonces ni se le pasó por la mente lo que vendría y que su vida jamás volvería a ser la misma. Los médicos intuyeron que la falla se localizaba en el hígado y los exámenes confirmaron el lapidario diagnóstico: hepatitis farmacológica fulminante. A menos que le trasplantaran un hígado, moriría en 10 días.

Días de incertidumbre

“Quedé en un estado de invalidez, sujeto a los vaivenes de la enfermedad”, expresa Luis Armando. “En mi desarrollo profesional me había tocado estar en la vereda de enfrente: yo era el que firmaba, que determinaba tal o cual cosa, el que le podía cambiar la vida a alguien con una decisión”, añade este trabajador social que a lo largo de su vida se desempeñó –entre otros lugares- en el Hogar de Cristo y la Fundación Integra. Confiesa que la hepatitis le produjo un efecto devastador: “Te vas apagando. Bajé una cantidad de kilos impresionante, estaba muerto en vida. Me costaba mucho hablar, porque no tenía energía. Vivía sabiendo que estaba sentenciado a muerte”. Enfatiza que “luego del diagnóstico empezó una cuenta regresiva: tomar decisiones, determinar qué esperas de ciertas cosas, comprender que hay círculos que no vas a poder cerrar”.

Dedicación maravillosa

Sumido en esas reflexiones, Luis Armando conoció al médico Franco Innocenti, quien lideró el equipo profesional multidisciplinario que se hizo cargo de su atención. “Él fue bastante claro conmigo, las posibilidades eran casi nulas: tenía que estar bien para ser receptor, además de aparecer un donante y darse las condiciones para que el lugar fuera apto para realizar el procedimiento”, señala. El Dr. Innocenti, Jefe de la Unidad de Trasplante de Cínica Sanatorio Alemán, le sugirió trasladarse al establecimiento por ser el único en el sur del país habilitado para efectuar este tipo de intervenciones. “Cuando llegué al Sanatorio sentí que tenía la oportunidad de recobrar mi humanidad, que tenía que ganarla y que no podía perder la esperanza. ‘¡Esta pelea hay que darla hasta el último minuto!’, me dije”, recuerda. “Las condiciones habían cambiado. Estaba en un lugar donde tenía todas las comodidades y con un personal con una dedicación maravillosa hacia el paciente. No me miraban como un número, sino como una persona. Vi un gesto de humanidad tan profundo que me imaginé las relaciones médico paciente de la antigüedad”, destaca este hombre casado y padre de 4 hijos.

Aparece un donante

Tras una tensa espera, el 8 de marzo surgió un donante. De inmediato se activaron los protocolos para someter a Luis Armando a la operación que le salvaría la vida. Solo después de 12 días de recuperación de la exitosa cirugía, fue dado de alta.“Hay mucha gente que no cree que esté en esta condición a solo a meses de trasplantado. Pero es gracias a los excelentes médicos que tienen en el Sanatorio, al apoyo constante de las personas que trabajan allá y también a que como paciente estuve dispuesto a dar”, resume. Dice que ahora cada día tiene una meta distinta: caminar, hablar, recorrer distintos lugares de la ciudad son algunos de los desafíos que este joven profesional se autoimpone para ir recuperando paulatinamente la vitalidad que esta pesadilla le quitó.

La posibilidad de dar vida

En Chile, todos los mayores de 18 años son automáticamente donantes de órganos y no se requiere una autorización especial o un trámite particular para serlo. Cuando la persona fallece, esto se hace efectivo una vez que dos médicos cirujanos distintos acreditan la muerte encefálica. Nuestro país registra una tasa de 7 donantes por cada millón de personas, lo que contrasta con países como Uruguay y Argentina, que superan los 20 por cada millón. Según el Ministerio de Salud, una de las principales razones que explican esta situación están relacionadas a que es la familia, y no el donante, la que tiene la última palabra para dar paso al proceso de procuraduría de órganos. Luego de su experiencia, Luis Armando asume el compromiso de concientizar en torno a la donación de órganos. “Yo estaba muerto, hoy estoy vivo y quiero aportar mi granito de arena. Por ello se debe avanzar en eliminar las trabas tanto personales como sociales para que esto se concrete y así se puedan salvar más vidas”.

 


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