María Manqueñir Neira, 59 años, paciente recuperada covid | Clínica Sanatorio Alemán

María Manqueñir Neira, 59 años, paciente recuperada covid

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“En el Sanatorio me devolvieron la vida, estuve en buenas manos y se portaron excelente conmigo”

María Angélica Manqueñir Neira tiene 59 años, casada, 3 hijos, 6 nietos y una bisnieta. Vive en Puente Alto y es dueña de casa. Ingresó el 7 de junio a CSA, en estado grave por Covid-19 y derivada desde el Hospital Sótero del Río, hoy está en su hogar en Santiago, recuperándose junto a su familia.

“Fuimos a la feria un día martes con mi hija Jessica a abastecernos como siempre lo hacíamos, y a la semana siguiente, 7 días después, empecé con los síntomas; fiebre, dolor de garganta, no quería ir al médico hasta que mi hija me dice qué esperaba, ¿morirme?, fue entonces cuando me llevó al consultorio Bernardo Leighton de Puente Alto donde me hicieron el examen PCR y también a ella, que había perdido el gusto y el olfato”, relata María.

Cuenta que eso fue un miércoles, volvieron a su casa esperando los resultados del examen y el jueves en la noche su salud empeoró, “empecé a sentir que me dolían mucho los pulmones, todo me incomodaba, ya no podía respirar, entonces mi yerno me llevó al consultorio y ahí me dejaron internada. La mañana siguiente, la doctora que estaba a cargo llama mi hija y le dice que necesitaban trasladarme al Sótero del Río, urgente, porque ya no saturaba bien. Me llevaron en ambulancia y estando ahí, el sábado 6 de junio, le dieron el resultado a mi hija, estaba infectada y ella también dio positivo al Covid, yo la contagié, porque era quien me cuidaba”.

“En el Sótero, estaba sola, el hospital estaba colapsado y sólo recuerdo que me conectaron a ventilador, porque ya no daba más, ya no podía respirar, nada. Después mi hija me contó que el doctor la llamó por videollamada, como a las 8 de la noche, para informarle que me iban a inducir al coma y le explica que también cabía la posibilidad de que me trasladaran a otra ciudad”, dice María. 

Su hija Jessica también recuerda que el domingo le avisaron que había un cupo en el Sanatorio Alemán, en Concepción, y que la trasladarían “todo fue muy rápido, mi mamá estuvo dos días en el Sótero y luego la llevaron a Concepción”.

María no tiene recuerdos de lo que sucedió desde el día en que la conectaron a un respirador mecánico en el hospital ni cuando la trasladaron a la Clínica “sólo sé que cuando desperté pregunté si estaba en el Sótero y me dijeron no, que estaba Concepción, no lo podía creer y después volví a preguntar a las enfermeras”. 

“Desperté en la UCI, conectada a todo, me dijeron que había llegado grave por el Covid, y ahí agradecí a Dios que me dio otra oportunidad de vivir”.

“Me preguntaba cómo me había salvado si todos los que tienen Covid mueren y más aun con tantas enfermedades que yo tenía; diabetes, con problemas de tiroide, hipertensa, crónica de asma, soplo al corazón… cómo me salvé? Es un milagro tan grande, no voy a olvidar jamás lo que pasé”, recuerda emocionada.

Pasaron los días y María se fue recuperando en la Clínica “en cada examen que me hacían yo preguntaba cómo iba, me decían que bien, que me estaba mejorando, los exámenes salían todos buenos y me tiraban para arriba, de a poco iba avanzando”, comenta María.

“Recuerdo que después me desconectaron y de a poco empecé a hablar. Me pusieron sonda para poder comer, luego me pudieron parar, pero no podía caminar ni mover las piernas, me decían que era todo un proceso, que lentamente iba a poder caminar y mover mis brazos, empecé a poner de mi parte, tenía que tener fuerza y voluntad. Si me pedían que hiciera ejercicios, tenía que hacerlos para poder mejorar, aunque todo me dolía, trataba de caminar, era una guagua, todo de nuevo, empezar a hablar y caminar. Dios es tan grande que me dio la vida nuevamente”, dice.

“El equipo, todos los médicos que estaban ahí conmigo, a ratos las enfermeras, ellos me devolvieron la vida, estuve en buenas manos y se portaron excelente conmigo. Me gustó la atención, todos atentos, nunca me dejaron sola, si algo necesitaba estaban conmigo, siempre pendientes de mí”.

Cuenta María que después de un tiempo pudo hablar con su familia por videollamada “fue una emoción tan grande, tan bonito verlos. Ahí supe que todos se contagiaron, menos uno de mis nietos y que yo fui la más grave”. 

“Cuando me dijeron que me darían el alta estaba feliz, no podía dormir, yo pensaba que no iba a volver nunca más a mi casa, estuve casi dos meses internada, nunca había estado grave, y menos en una Clínica.  Ahora estoy bien de ánimo, tengo que disfrutar la vida, a mi familia, es lo que más quiero”.

“Le doy las gracias al equipo del Sanatorio que me sacó adelante, a las enfermeras, los kinesiólogos y kinesiólogas, estoy muy agradecida de ellos, gracias infinitas, por ellos me recuperé”, dice.

Finalmente sugiere “que la gente se cuide, que hagan caso a las cuarentenas, el Covid es grave y hay gente que no resiste”.


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