“Gracias a la rapidez y profesionalismo de la clínica estoy contando esta historia” | Clínica Sanatorio Alemán

“Gracias a la rapidez y profesionalismo de la clínica estoy contando esta historia”

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Angélica Henríquez

Una complicación en su tercer embarazo derivó en una cesárea de urgencia en Clínica Sanatorio Alemán, la que le permitió salvar su vida y la de su hijo Emilio.

Desde los cuatro meses de gestación, Angélica Henríquez supo que la llegada de su tercer hijo tendría sobresaltos. Mientras estaba en el supermercado en el que se desempeña como supervisora de cajas comenzó con las primeras molestias. Fue ahí cuando acudió a la consulta de la Dra. Paulina Romagnoli, quien le entregó el diagnóstico de placenta previa, le advirtió sobre los riesgos de esta dolencia y le enseñó los cuidados que requería su condición. Cuidados que no pudo cumplir al pie de la letra, pues su segundo hijo, que entonces bordeada un año de edad, requería esfuerzos que en nada colaboraban con su recuperación. Por desgracia, ello tuvo consecuencias. A las dos de la madrugada del 23 de junio de 2014, una hemorragia hizo a Angélica y su esposo, Juan Carlos Suazo, pensar lo peor: la vida de su bebé de 37 semanas de gestación estaba en peligro.

 

“Mi último recuerdo”

La primera reacción del matrimonio fue llamar a la doctora Romagnoli. La especialista les pidió contactar una ambulancia de inmediato. Por distintas razones, el vehículo no estuvo disponible para ir a su hogar, por lo que la segunda opción fue solicitar ayuda a un vecino para trasladarse de Lota a Concepción.

Dolores de parto sumados a la hemorragia y debilidad acompañaron a Angélica y su esposo durante todo el viaje. Al llegar al Servicio de Urgencia de Clínica Sanatorio Alemán (CSA) estaba su doctora y todo un equipo dispuesto para darle los primeros auxilios.

Su estado era crítico: Hoy calculan que perdió más de dos litros de sangre en su hogar y otro tanto en el viaje, llegando desfalleciente al pabellón en el que sería operada de urgencia para sacar a su bebé. “Mi último recuerdo fue cuando estaba en la camilla; desde ahí, lo que sé es la historia que me contaron después”, comenta.

 

Al borde de la muerte

Emilio nació a las 3:30 horas, pesó 2 kilos 900 gramos y midió 48 centímetros. En el examen Apgar –que realizan a los recién nacidos- obtuvo 1, luego 6 y, cuando ya estaba repuesto, marcó 8. “La atención de urgencia que le prestaron a mi hijo fue vital para salvarle la vida”, confiesa Angélica. La historia no acabó con la cesárea. Producto de una hemorragia que no podía ser controlada, debió ser sometida a una segunda intervención a eso de las 6:30 de la mañana. Con lo que le contaron después reconstruyó los hechos: “Hice un shock, estaba con una anemia aguda y la doctora le dijo a mi esposo que producto de la sangre que había perdido tenía que prepararse para lo peor, pues el filo de la muerte estaba ahí. Llegué con 2,8 de hemoglobina y lo mínimo que habían atendido en urgencia había sido una persona con 4, por lo que mi situación era crítica”.

 

Final feliz

Luego de ambas intervenciones, Angélica estuvo un día y medio inconsciente. En ese tiempo, su esposo, amigos y familiares rezaron esperando un milagro. Su suegra le dijo “yo te reclamé, yo pedí a Dios, porque ¿qué iba a hacer con tres niños ayudando a Carlos?”.

Aunque la familia siempre sintió que estaba en las mejores manos profesionales: “si no hubiese sido por la rapidez y profesionalismo de la clínica, quizás no estaría contando esta historia, para mi era lo más seguro tomar la opción del Sanatorio”, dice.

Pese a la anemia aguda que la aquejaba, a los cuatro días tanto madre e hijo pudieron ser dados de alta. Angélica destaca una y otra vez que si bien su historia fue muy dramática, “el trato entregado por la clínica siempre fue excelente y creo que eso hizo la diferencia para tener un final feliz”.

Su familia está consciente que la madrugada de ese 23 de junio marcó un antes y un después. Esa mañana, confiar en la doctora Paulina Romagnoli y todo el equipo médico de CSA les permitió contar esta experiencia ya casi como una anécdota, y no como la tragedia que pudo haber sido.

Angelica-Henriquez


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