“Fue una buena decisión llevarla al Sanatorio” | Clínica Sanatorio Alemán

“Fue una buena decisión llevarla al Sanatorio”

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Gastón García, Prevencionista de Riesgos

Su pequeña hija Maite sufrió pérdida de conciencia por estado febril, pero afortunadamente los profesionales del Servicio de Urgencia de CSA lograron frenar a tiempo las convulsiones y así evitar secuelas. “Gracias a la forma en que actuó el equipo, ella quedó bien”, sentencia.

Faltaba apenas un par de días para que Maite, la segunda hija de Gastón García y Jenny, cumpliera un año. La mayor parte de la mañana había estado de buen ánimo, pero en la tarde tuvo un poco de fiebre. Sus padres le dieron paracetamol sin prestarle mayor importancia. Era la madrugada del 31 de octubre, cuando la pequeña despertó llorando. Al tomarla en brazos, su madre se dio cuenta que tenía escalofríos. “La Maite no está bien, me dijo mi señora. Y cuando la mamá dice que está mal, yo me lo tomo súper en serio, así que le dije que la lleváramos a la clínica”, relata Gastón. Envolvieron a la pequeña en un chal y partieron en la camioneta. Prendieron la calefacción para que se le pasara el frío, ella iba despierta y tranquila. Al llegar se dieron cuenta que en el apuro habían dejado los documentos en la casa. Se devolvieron a buscarlos. “En vez de decir quédate tu acá para que te atiendan luego, fuimos todos a la casa. Y pasaron otros 40 minutos adentro del auto”, señala el papá. Cinco minutos alcanzaron a estar en la sala de espera. “La Maite estaba bien, con fiebre y todo, pero su ánimo nunca decayó. Estábamos mirando los dibujos de las paredes, ya le habíamos sacado algo de ropa, yo la tenía en brazos y de repente la pierdo. Se va hacia atrás, se le ponen los ojos en blanco y comienza a saltar. Le pasé la niña a Jenny y fui a buscar ayuda”, recuerda Gastón. Una paramédico llamó a una enfermera, quien rápidamente tomó a Maite y corrió con ella hacia una sala. El papá la siguió y leyó que en el acceso decía “Reanimación”. Entró. Había pasado menos de un minuto y la niña ya se encontraba entubada y llena de cables en los pies, costillas, pecho y dedos. Todo el equipo médico la atendía.

Afortunadamente lograron frenar a tiempo las convulsiones y Maite no quedó con secuelas, como comprobaron los exámenes. El diagnóstico fue “pérdida de conciencia por estado febril”.

 

En el momento correcto

Gastón destaca la reacción del personal: “tomaron las decisiones correctas. Gracias a la forma en que actuó el equipo, ella quedó bien. Sobre todo la enfermera, que reaccionó súper rápido, en ningún momento titubeó. Estaba súper clara con lo que estaba pasando”, sostiene. Reconoce que no ha tenido buenas experiencias con los médicos en general, pero ese día en Clínica Sanatorio Alemán le dieron confianza. “Qué rico sentir el apoyo en el momento correcto. Los vi súper entregados, súper seguros de lo que estaban haciendo”, confiesa. Tanto Gastón como Jenny son ingenieros en Prevención de Riesgos y siempre están preocupados de realizar capacitaciones y adelantarse a los peligros, pero reconocen que enfrentar una situación límite en carne propia es muy diferente a cuando se trata de una tercera persona. “Fue una buena decisión llevarla al Sanatorio, todo el equipo médico estaba ahí. Si hubiésemos ido a otro lado, no hubiera sido igual. Nosotros tenemos convenio con otra clínica, pero las veces que hemos ido a la Urgencia  no están los profesionales indicados, tienen que llamarlos. Mientras que en el Sanatorio siempre hay”, enfatiza Gastón.

 

Inyección de emergencia

Los profesionales de Clínica Sanatorio Alemán le explicaron a Gastón que Maite tiene baja tolerancia al aumento de temperatura. Y al haber convulsionado antes de cumplir el año de vida hay un 25% de probabilidades que con cualquier estado febril vuelva a ocurrir; de ser así, el riesgo aumenta a un 50%. Esta situación se mantendría hasta los cinco años. “El médico nos dijo que 37.5° Celcius para ella es fiebre y de inmediato debemos darle paracetamol. Si no cede, hay que ponerle un supositorio; y si llega a convulsionar, una inyección de diazepam que la enfermera nos enseñó a colocar, y luego llevarla rápidamente a un centro asistencial”, explica el padre. “Esa noche en vez de desabrigarla para que le bajara la fiebre la tapamos más y pusimos calefacción en el auto”, recuerda Gastón. Hoy, toda la familia y todo quien se quede con Maite está preparado para administrarle la inyección en caso de emergencia y nunca salen sin el medicamento.

gaston.garcia

 

 


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