“En el Sanatorio hubo personas que fueron espectaculares” | Clínica Sanatorio Alemán

“En el Sanatorio hubo personas que fueron espectaculares”

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Francisca Escudero Fernández

A los 13 años fue diagnosticada de leucemia linfoblástica aguda, la que logró vencer tras dos años de tratamiento. Hoy, ella y su familia destacan los cuidados entregados en CSA para superar la enfermedad. 

Corría el 2013 cuando Francisca Escudero Fernández, que en ese entonces tenía 13 años, concurrió al pediatra alertada por la fiebre y la extraña palidez que la aquejaba.  “No había  diferencia entre el color de mi piel y mis labios; me sentía decaída, pero creí que era una gripe”, recuerda la joven.

Los exámenes arrojaron malos resultados. Rápidamente, su médico la derivó al oncólogo Eduardo Fernández Robles, especialista de Clínica Sanatorio Alemán (CSA), quien entregó el lapidario diagnóstico: leucemia linfoblástica aguda, un tipo de cáncer que afecta principalmente la médula ósea y la sangre.

“No sabían cómo la Fran estaba en pie, porque en su condición no debía tener energía ni para pararse”, explica su mamá, Ximena Fernández, quien junto a Jorge Escudero tiene otros tres hijos: Rodrigo, Antonia y Joaquín.

En manos de los especialistas

Jorge Escudero comenta que una vez conocido el origen de los síntomas internaron a su hija en CSA y siguieron todas las instrucciones que los médicos les iban entregando: “La inscribimos en el GES y conseguimos dadores de sangre. Las cosas se ordenaron para que empezara a llegarnos ayuda de todas partes. Nuestra meta era ganarle al día; ésa era nuestra manera de vivir”, relata.

Los Escudero Fernández depositaron toda su confianza en los profesionales que atendían a la menor de sus integrantes. Francisca destaca la buena atención recibida: “En el Sanatorio hubo personas que fueron espectaculares, agradezco a todo el personal médico y de servicio. Recuerdo cuando al final no comía nada y en el casino me preparaban lo que yo quisiera con tal de que me alimentara”.

Mención especial merece para la familia el doctor Eduardo Fernández, quien hasta el día de hoy mantiene una relación que va mucho más allá de lo profesional con ellos. “Incluso me llamó para que la dejara viajar a su gira de estudios”, recuerda Jorge entre risas.

Cambio en las rutinas

Transcurrieron dos años y seis meses desde el diagnóstico inicial hasta que le dieron el alta a Francisca. Durante este periodo, su familia vivió la transformación de su vida diaria, pero el ánimo de la joven nunca decayó.

“Yo veía todo el trabajo que había en la casa y decía ‘’no va a ser por nada, voy a salir y después nos vamos a reír de esto’. Algunos días estaba muy cansada, pero seguía adelante”, rememora la joven.

El hogar familiar debió adaptarse para los cuidados que requería un paciente de sus características. “Se desarmó la casa durante un año, hacíamos turnos para acompañarla con mi mamá”, señala su hermana Antonia.

Su padre explica que tuvieron que cambiar el piso de la casa y que, como Francisca no podía enfriarse, la calefacción debía estar siempre prendida: “compré un generador, agua en bidones, etcétera. Teníamos organizado todo lo que debíamos hacer en caso de urgencia y los autos siempre con bencina. Girábamos alrededor de ella”, expresa haciendo memoria. “No sé si nosotros le pusimos mucho, pero funcionó”, concluye Ximena.

Una familia fortalecida

“Para mí nunca fue una posibilidad el que me fuera a morir, lo sentí como un resfriado largo. No sabía por qué le ponían tanto color. Decía: ‘es tan simple, es cosa de hacerme el tratamiento, resisto y me voy’ (a la casa)”, resume Francisca.

El apego entre los distintos integrantes de la familia es algo que Jorge recalca: “La Antonia se quedó desde la primera noche en la Clínica. Por ahí por septiembre me preguntó si me importaba que congelara el año. Era tal el lazo que se generó, que no había nada que hacer hasta que la Fran saliera”.

Destacan también el cambio en las prioridades: “Comenzamos a darle importancia a las cosas que de verdad las tienen. Yo antes me ponía mal genio por el orden de la casa, ahora es distinto. La familia en general creció”, expresa Ximena. Mientras que para Antonia después de la enfermedad de su hermana la familia se transformó en un núcleo sólido que mantiene hasta hoy.

 


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