El milagro de Juan Pablo | Clínica Sanatorio Alemán

El milagro de Juan Pablo

Infarto cerebral lo tuvo al borde de la muerte

Gracias a la intervención del equipo médico de Clínica Sanatorio Alemán, a pocas semanas de ocurrido el hecho, el joven de 27 años tiene pequeñas secuelas de este episodio. A las nueve de la mañana despierta y va a la pieza de sus padres; les cuenta que siente un “pito” en su oído. Se recuesta junto a ellos y duerme unos 30 minutos, hasta que vómitos explosivos le interrumpen el sueño. Deja de hablar fluido y su vista se torna perdida. Virginia, la mamá, le dice a Jaime, su marido, que llame a la ambulancia. El vehículo de emergencia tarda 15 minutos. Lo trasladan al Hospital Higueras. Son aproximadamente las 10.30 horas; Juan Pablo es sometido a varios exámenes pero, aunque hay claridad que se trata de algún accidente cerebrovascular, falta uno clave para determinar con exactitud su diagnóstico y estado de salud: resonancia nuclear magnética, el que no está disponible en el establecimiento. Ya sedado y entubado, pasadas las cuatro de la tarde del lunes es traslado a Clínica Sanatorio Alemán donde, tras la resonancia, es internado en la UCI. Cerca de las ocho de la noche el médico de turno de esta unidad comunica a la familia que Juan Pablo sufrió un infarto cerebral, que su estado es de extrema gravedad y existe la posibilidad que fallezca.

“Tú puedes”

Una hora después de hablar con el médico, Jaime, Virginia y Jaime Andrés, su hermano, se secan las lágrimas y entran al cuarto del joven a darle ánimo. “Fuerza Juan Pablo, tú puedes”, le dijeron mientras lo acariciaban. Y de pronto él aprieta la mano de su madre. “No sabíamos si estábamos soñando despiertos, así que llamamos a una enfermera. Es lo que ustedes ven, nos dijo”, relata la madre. Juan Pablo seguía muy grave, pero había muchas esperanzas de recuperación. Con el paso de los días fue recobrando algunas de sus facultades. El miércoles o jueves ya había una evolución sorprendente y fue bautizado por los médicos como “Juan Pablo Milagros”. El joven cuenta que en los días que estuvo en la UCI aprendió a caminar de nuevo y pasó de alimentarse por sonda a comer papillas. Una vez fuera de peligro y estable, fue trasladado a una habitación donde especialistas de diferentes disciplinas colaboraron para que su mejoría fuera lo más rápida posible. Fue dado de alta el 23 de mayo.

Calidez y apoyo

Virginia y Jaime están conscientes de que su hijo está con ellos gracias a Clínica Sanatorio Alemán, que dispuso de todos los médicos y recursos técnicos necesarios para salvar la vida del joven. Lo que más valoren es la calidez y empatía de todo el personal, que le dio apoyo y ayudó a que la estadía fuera más grata. “Es muy bueno que cuando uno está tan aproblemado la gente te reciba con cariño”, sostiene Virginia, quien agradece infinitamente a todos los que de alguna u otra manera intervinieron para que su hijo ahora esté bien y pueda llevar una vida normal. Juan Pablo también expresa su gratitud hacia todo el equipo médico que “hizo lo posible y quizás lo imposible por sacarme adelante, tanto durante la crisis como en la recuperación”. Hoy, las evidencias de lo ocurrido son escasas. Ojos rojos, pérdida de sensibilidad térmica en su mano derecha y una voz más ronca son sus únicas secuelas; todas superables en el corto y mediano plazo. Aún continúa en evaluación y controles médicos, pero hasta el momento el único cambio en su vida será tomar diariamente una píldora de ácido acetilsalicílico. “Queremos agradecer a nuestra familia y amigos por su compañía, oraciones e incondicional apoyo en los momentos vividos”, concluye Jaime a nombre de todos.

Volver a la rutina

Con 27 de años, Juan Pablo es el menor de los dos hijos de Jaime Terán y Virginia Moya. El año pasado se tituló de Ingeniero Civil Aeroespacial y Aeronáutico en la Universidad de Concepción. Desde entonces trabaja para diversos proyectos en el área de la dinámica de fluidos computacionales. “Tiene que ver con simular el escurrimiento de fluidos y la transferencia de calor en un computador de manera discreta”, explica demostrando  su lucidez e intacta capacidad intelectual. Andar en bicicleta, escuchar música, leer y los videojuegos son sus principales aficiones. Trasnocha no más de una vez al mes, cuando se junta con sus amigos. No fuma y solo bebe una botella individual de cerveza a la semana. Desea pronto poder volver completamente a su vida normal. Y ojalá también encontrar un trabajo estable.