«Creemos que vivimos un milagro» | Clínica Sanatorio Alemán

«Creemos que vivimos un milagro»

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Marjorie Huenupe, mamá de paciente trasplantada de hígado

A sus 8 meses, la pequeña Catalina Rojas fue sometida a la intervención que le salvó la vida. Con parte del hígado de su padre, el equipo del doctor Franco Innocenti logró realizar un exitoso trasplante.

Eduardo Rojas Martínez y Marjorie Huenupe Huenchulao son los padres de Catalina, la pequeña de 11 meses que, en diciembre del 2016, recibió un trasplante de hígado en Clínica Sanatorio Alemán (CSA), único centro de salud de regiones autorizado para efectuar este tipo de procedimientos.

Cuando Catalina nació, todo estaba normal. Si bien fue prematura, su estado de salud era excelente, pero un color amarillo en su piel durante varios días, llamó la atención de sus papás, quienes decidieron acudir a un especialista.

Con sólo 1 mes y medio de vida, la menor fue contagiada con citomegalovirus -que se alojó en su hígado-, que le causó una fibrosis hepática que desencadenó en cirrosis. Su cuadro no mejoraba. Es más, su estado empeoraba cada día. Presentó várices esofágicas y sufrió hemorragias muy frecuentes. El mayor miedo era que padeciera un derrame digestivo masivo y que “en cualquier momento se pudiera morir”, señala Eduardo.

“No sabemos dónde o en qué momento se produjo el contagio, pudo ser en el embarazo o en el nacimiento, dada su prematurez”, relata la mamá. Catalina no podía comer, cualquier alimento que pasaba por su boca podía “reventar” las várices y causar un derrame.  “En ese momento, sus médicos tratantes se empezaron a preocupar y comenzaron a agilizar los estudios” agrega su padre.

Llegaron a Clínica Sanatorio Alemán por el doctor Franco Innocenti Castro, médico jefe de la Unidad de Trasplante,  y por la doctora Fernanda Bello Marambio, gastroentérologa infantil, quienes se dieron cuenta que la lactante necesitaba un trasplante hepático e hicieron las gestiones para que se llevara a cabo lo más pronto posible, pues el estado de la pequeñita era cada vez más complicado y grave. Marjorie comenta que “no fue necesario llevarla a Santiago, porque la Clínica cuenta toda la implementación necesaria para estos casos y tiene un gran equipo, con bastante experiencia… Desde que empezamos a tratarla con el doctor Innocenti tuvimos un poco más de confianza, porque es uno de los mejores médicos en materia de trasplante”.

Dada la urgencia, se necesitaba un donante rápidamente, pero como todos sabemos, a veces su aparición demora días o muchos meses. No obstante, en el caso de Catalina había otra alternativa, pues si Eduardo era compatible y si su estado de salud se lo permitía, él podía donar parte de su hígado a su hija y así darle una nueva esperanza de vida.

Ambos padres, sin dudarlo, tomaron el riesgo y afortunadamente los resultados de los chequeos fueron positivos y lo convertían en un buen candidato para ser donante. El único problema que se presentó en el proceso fue que Eduardo presentaba una variante anatómica que complicaba la donación y que requería una técnica más precisa y rigurosa al momento de la cirugía. “Lo conversamos con Marjorie y yo dije “ya, que pase lo que pase”. Gracias a Dios yo era compatible y el resto daba lo mismo, lo principal era que mi hija estuviera bien”, confiesa el papá.

 

El gran día

Finalmente y luego de esperar que el estado de salud de Catalina se estabilizara un poco, el viernes 16 de diciembre de 2016, Eduardo y Marjorie ingresaron con su hija a CSA para realizar dos trascendentales cirugías. Los padres confiados en los profesionales y siempre guiados por su fe, se entregaron a las manos del equipo de la Unidad de Trasplante que lidera el Dr. Franco Innocenti.

El temor que existía antes del trasplante era que al momento de la intervención se produjera una hemorragia, que se rompieran las várices. De hecho “eso pasó, pero afortunadamente después de la operación… Si eso pasaba durante la cirugía, Catalina se podía morir” contaron.

Mientras la pequeña y su padre estuvieron en Pabellón, el personal de CSA mantuvo informada a la familia, en todo momento, sobre el estado de ambos. ¡Todo iba perfecto! La esperanza era cada vez más grande para Marjorie, pero todo cambió cuando la doctora Bello se acercó para decirle que si bien la operación había salido bien y que el hígado había funcionado, en la última instancia, Catalina había presentado una hemorragia que no se detenía.

Al recordar, la mamá muy emocionada señala que “el doctor Innocenti me abrazó y la doctora Fernanda me dijo, si tú tienes fe, yo te ayudo a rezar… En todo momento sentimos una preocupación tremenda por parte de ellos”.

A ese episodio siguió una noche larga, con transfusiones y mucho miedo. Pero gracias al gran manejo profesional, todo fue superado y la evolución de los dos pacientes fue óptima.

En todo este escenario de incertidumbre y nerviosismo, Marjorie recalca que  “nosotros podíamos estar todo el día con la Cata. Cuando mi hija y Eduardo se hospitalizaron, yo me hospitalicé con ellos”. Ambos padres estaban muy contentos por la acogida de parte del personal, “era demasiada la preocupación, desde la auxiliar hasta los médicos siempre estaban pendientes de cómo estaba mi pequeña y uno sentía el apoyo de ellos en todo momento”, lo cual reconforta en momentos tan difícil como los que vivieron, enfatiza.

Eduardo rescata la postura de los profesionales que los mantuvieron siempre conscientes de cada etapa, de cada paso: “Nada fue a medias, toda la información siempre se entregó completa y con un excelente trato”.

La mamá de esta “pequeña guerrera” siempre estuvo tranquila, “tenía fe de que todo iba a salir bien. El doctor Innocenti y la doctora Bello nos dijeron que nos encomendáramos a Dios y así lo hice”.

 

Recuperación

A tres meses del trasplante, Catalina Rojas lleva una vida totalmente normal, ha ido adquiriendo todos los conocimientos y habilidades que por tanto tiempo de enfermedad no había podido alcanzar. Sin complicaciones físicas y siempre sonriente, la “Catita”  disfruta junto a sus padres la maravilla de una nueva oportunidad de vivir.

Marjorie nunca decayó y su gran fortaleza de madre, sus cuidados y dedicación, han sido fundamentales para que actualmente puedan seguir gozando de la linda familia que han formado. “Uno cambia la forma de pensar, de ver la vida. Ahora disfrutamos cada momento, cada pequeño detalle”.

Antes de terminar su testimonio, la mamá se mostró muy agradecida de la clínica, de los médicos y del personal en general, “para Año Nuevo y Navidad, todos igual estuvieron ahí, siempre atentos y cariñosos”.

Para Eduardo todo ha resultado perfecto y el único gran cambio que dice haber tenido luego de este proceso, es su forma de pensar respecto de la donación. “Siempre decía me voy entero, con lo mío. Ahora no, lo dono todo”.

 “La Cata nació por mi señora, pero volvió a nacer conmigo”


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