x
x
x
x
x
x
x


DOCTOR JOSÉ SCHALPER:
“ABRIGO LA ESPERANZA DE MORIR PARA LA MEDICINA Y NACER PARA EL ARTE”

   

Reconoce que no siempre quiso ser médico, pues el arte, el cine y la música lo cautivaron desde muy joven.

El doctor José Schalper Pérez duerme poco, en promedio descansa unas cuatro horas, pero pareciera no importarle, ya que sus múltiples actividades lo fascinan cada día y prefiere sacrificar horas de sueño que dejar inconclusas las tareas que realiza.

Este médico, hijo de un ingeniero forestal alemán y de una chilena dedicada al área administrativa, nació en Valdivia, donde asegura tuvo una infancia maravillosa –junto a su hermana menor- que sólo supo valorar con el paso del tiempo: “Tuve el privilegio de nacer y vivir en una ciudad con un entorno natural extraordinario, con mucha actividad cultural, con un padre que nos fomentaba la vida al aire libre y el contacto con la naturaleza y que tocaba el violín a la perfección y con una madre muy maternal, siempre presente y amante de la pintura”.

 



Tras el terremoto del año 60, su familia se trasladó a Concepción y de aquí no se movieron más. En su ciudad natal estudió en el Colegio Alemán y la enseñanza media la finalizó en el Colegio Salesiano de Concepción. Luego ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad del Campanil.

No siempre quiso ser médico, pues le gustaban muchas cosas, la pintura, la música y el cine, lo cautivaron desde muy joven. “Siempre he tenido la duda de si dedicarme al arte en forma definitiva y total o compartir la medicina con el arte”. En la época en que ingresó a la “U” existía el propedéutico, un primer año con un plan común de estudios que permitía descubrir mejor las habilidades, preferencias y vocaciones de cada persona. En ese tiempo optó por la Medicina, pero jamás se olvidó del arte y en particular de la pintura, su gran pasión.

“Abrigo la esperanza de morirme para la Medicina y nacer para el arte, eso siempre ha sido un dilema para mí”. Lo anterior no significa que su profesión no sea importante, le gusta mucho y sus vivencias como médico las guarda en el corazón, como sus cuatro años en el Hospital de Curanilahue, donde ejerció como médico general de zona y donde impensadamente asumió -siendo muy joven- la responsabilidad de la dirección del hospital y el oficio de cirujano.



 

SU TIEMPO EN LA CAPITAL

A la luz de toda esa experiencia, su entorno pensaba que se inclinaría por la Cirugía, pero no fue así. Con lo que había vivido en ese pueblo se dio cuenta que no era capaz de decirle que no a los enfermos y que si no escogía una especialidad que lo distanciara de ellos y de su dolor, sería imposible tener una vida personal y una familia. Además quería un campo que fuera más concreto, con más posibilidades de hacer investigación y que le diera tiempo para desarrollarse en la pintura y en otros intereses.

Y se decidió por la Patología, disciplina que estudió en Santiago, en la Pontificia Universidad Católica. “La medicina clínica es muy importante e interesante, pero es más especulativa y ambigua que la Patología, en la que prima la rigurosidad y la precisión científica”. Su elección fue toda una apuesta para la época, era una disciplina poco desarrollada, casi a nadie le interesaba. Su estada en la capital la recuerda como una etapa muy enriquecedora, no sólo por su especialización. Ese período lo aprovechó para dedicarse a varias cosas, especialmente a la pintura.

     

Como estaba soltero y no tenía mayores compromisos, pudo participar activamente en el Colegio Médico –llegó a ser presidente del Comité de Arte y Cultura del gremio-, tomó contacto con artistas, realizó cursos de arte e historia del arte e ingresó a la Sociedad de Pintores y Escultores de Chile. Además hizo varias exposiciones de su pintura.

Confiesa que su pintura ha evolucionado desde el realismo al hiperrealismo (hizo muchos retratos), posteriormente al expresionismo y actualmente es existencialista y, muchas veces, de gran formato.

 


CITOPATÓLOGO DEL AÑO

Schalper cuenta que en la época en que terminó su beca, los patólogos no valoraban a la Citología como método de diagnóstico. Ese campo era ejercido por ginecólogos y sólo abordaba el cuello uterino (papanicolaou). “Además de la Patología convencional aposté por la Citopatología y en particular, a la no ginecológica (de mama, tiroides, pulmón) y la verdad es que fue todo un acierto”.

Sus mayores éxitos y satisfacciones profesionales los ha recibido a partir de su quehacer citológico. Ha sido presidente de la Sociedad Chilena de Citología y de la Sociedad Latinoamericana de Citología; presidente del Congreso Mundial de Citología el 2004, siempre es invitado a numerosos congresos internacionales de la especialidad (incluido el próximo mundial en Edimburgo en 2010); fue nombrado socio honorario de varias sociedades de Citología y actualmente es integrante del comité ejecutivo de la Academia Internacional de Citología( IAC) y del comité editorial de la revista Acta Citológica (revista oficial de la IAC).

El año pasado fue elegido como el “Citopatólogo del Año” por la IAC “Este reconocimiento –a nivel mundial- fue inesperado y sorpresivo, ya que en estos nombramientos influyen muchos factores además de los científicos… No obstante, el año pasado conseguí el mayor logro como especialista que fue escribir el capítulo de Citopatología de tumores pediátricos del libro de Citopatología más importante del mundo: Comprehensive Cytopathology. Para ello trabajé durante dos años casi todos los días”.

COSMOLOGÍA

Este médico comenzó hace unos 10 años, en forma autodidacta, a incursionar en algo que lo apasiona: la Cosmología y la filosofía de la ciencia. “Me he dado cuenta que el acercamiento a la verdad se da más a través de una mirada desde lo macro que desde lo micro (a lo que apuesta la ciencia hoy). En virtud de eso, estoy en una posición muy crítica respecto de la ciencia y el conocimiento científico actual. Creo que el paradigma del conocimiento científico, que es estrictamente reduccionista y mecanicista, será reemplazado por otro que fusionará a la ciencia occidental con la oriental y que incorporará, entre otros, a la conciencia como un pilar fundamental”.

Agrega que en la ciencia actual, muchas veces aceptamos como resultados verdaderos “haciendo un acto de fe igual como ocurría antes de Galileo”. Recientemente, revistas como Science han sido engañadas publicando trabajos de investigación con datos falsos sin que el comité editorial (del más alto nivel) lo percibiera. Por otra parte, la ciencia de hoy está mal orientada respecto de la búsqueda de la verdad y la tecnología. Una buena analogía es: “Cuando uno va a un restaurante la misión (verdad) es comerse la comida, pero hoy la ciencia se está comiendo la carta (el menú) en vez de la comida y las tecnologías están preocupadas de hacer cartas de distintos materiales”.

En la medicina ocurre algo similar, además ésta mantiene una visión fragmentaria del enfermo a través de las especialidades médicas, olvidando que sumando todos los componentes corporales (órganos, tejidos células moléculas etc.) no se forma un hombre entero.

En el hombre enfermo juegan un rol fundamental su profesión, carácter, problemas familiares, sociales y laborales, entre otros, estos aspectos sólo podrán ser considerados adecuadamente si se adopta una visión integral y holística del hombre. “Nuevamente una mirada macro y desde la perspectiva de la sociología y antropología nos hace comprender la estricta necesidad que tiene el enfermo (para sanarse) de contar con un sanador singular, investido de poderes especiales, mágicos, sobrehumanos (chaman), distinto al médico actual al que ha llevado obligadamente esta sociedad de consumo y luego, como si fuera poco, ella misma se encarga de criticarlo duramente y en cierto modo de degradarlo y de convertir a los pacientes en enemigos suyos, judicializando, de paso, a la medicina”.

Una visión integral permite además comprender que los desarrollos tecnológicos no sólo no nos han mejorado la calidad de vida (que es lo que prometen) sino que, muy por el contrario, han hecho la vida humana más vacía y sin sentido.

Hoy día, en el nuevo paradigma del conocimiento, en pleno desarrollo, se están incorporando rápidamente nuevos lenguajes como la ciencia de la complejidad, la sociobiología y especialmente las ciencias de la mente.

En este contexto, suscribe la posibilidad de que lleguemos, en un período de tiempo razonable, a un pensamiento unitario y a una teoría unitaria o del todo. El todo, según el nuevo paradigma, es una malla interconectada de todo lo existente, malla de la que todos participamos, así por ejemplo un árbol no termina en sus raíces u hojas sino en todo el resto del universo. “Einstein se pasó sus últimos 25 años buscando una teoría que incluyera y explicara todo y que llamó “Teoría del campo unificado”. De ser cierto, esta teoría tendría enormes implicancias prácticas, por ejemplo cuando un investigador investiga algo influye significativa e inevitablemente lo investigado y a su vez, lo investigado al investigador, ambos son inseparables”.

TEORÍA DEL CAOS Y FRACTALES

“Respecto de los nuevos lenguajes del conocimiento me interesé particularmente por la teoría de los Fractales y Caos (Fractal es la expresión geométrica y Caos, la expresión matemática de la misma teoría)”. Esta es una teoría científica relativamente nueva, nació en los años 60, que ofrece una metodología que ayuda a comprender la complejidad del mundo y sus procesos creativos e innovadores.

El caos tiene un orden implícito, “orden y caos son inseparables”, explica. Esta teoría es poco conocida a pesar de que es transversal y muy importante, tan relevante como la gravitación universal y que explica mejor que cualquier otra teoría aspectos fundamentales del comportamiento de fenómenos tan diversos como los terremotos, las inundaciones de los ríos, la estática de las transmisiones electromagnéticas y el comportamiento biológico, del clima, fenómenos estelares y económicos y expresiones artísticas.

Valora además la influencia insospechada de pequeños fenómenos que con el tiempo pueden producir grandes cambios. Toda la naturaleza y especialmente los seres vivos tienen un comportamiento no lineal y fractal (que implica autosemejanza, simetría en una escala, recurrencia, pauta en la pauta.) en que los crecimientos y desarrollos se realizan fractalmente por divisiones en estructuras cada vez más pequeñas, pero utosemejantes. En el ser humano, por ejemplo el desarrollo y la disposición de diversos sistemas corporales como el bronquial, digestivo neuronal y vascular son típicamente fractales y enfermedades como el cáncer también siguen un patrón de crecimiento fractal.