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Cómo enfrentar el Cáncer

Sin duda, enfrentarse a un diagnóstico de cáncer es una difícil situación, pero hay muchas cosas que se pueden hacer ante esta enfermedad.

En general, los médicos proporcionan al paciente la información que éste pide. Lo habitual es que los pacientes no pregunten directamente si tienen un cáncer o un tumor y las familias en muchas ocasiones piden al médico que no informe al paciente.

Sin embargo, hay que tener claro que el paciente tiene derecho a saber qué enfermedad padece y qué perspectivas le aguardan. A su vez, el médico tiene la obligación de decírselo si lo pregunta.

En otros casos puede ocurrir que el paciente, desconociendo su enfermedad y su pronóstico, rechace el tratamiento, el cual es muy importante para aumentar la probabilidad de curación. En este caso, el médico debe informar al paciente aunque éste no le pregunte.


Para el Paciente:

Muchas de las reacciones emocionales que aparecen luego de saber que se padece esta enfermedad son normales. Ansiedad, tristeza, rabia, agresividad, aislamiento y sentimientos de culpa son generadas por la situación que se está viviendo.
En el enfermo, los síntomas físicos pueden dar lugar a una manifestación emocional de angustia y depresión que puede aumentar o disminuir en intensidad, dependiendo del manejo que se haga de dicha manifestación.
Las familias y los enfermos en esta situación pueden presentar diversas reacciones emocionales que pueden dificultar la relación entre ellos y con el equipo médico que atiende al paciente.
Las reacciones más comunes son de negación, ira o cólera y miedo.
Ayuda Espiritual :

Los seres humanos tenemos esta dimensión, la que nos diferencia del resto de los seres vivos. Ella es la que hace que vayamos más allá de nosotros mismos, es la capacidad de trascendencia, que tengamos esperanza, que pensemos en el futuro, que tengamos conciencia de nuestra propia finitud. Es el mundo de los valores más nobles, de las creencias religiosas.

Si esta dimensión envuelve la vida del ser humano, en este periodo de enfermedad, su importancia es indiscutible, por ello debemos ser sensibles a la necesidad de hablar de estos aspectos con los enfermos.

Familia y Amigos:

La enfermedad produce una crisis no sólo familiar, sino también social, que obliga a un reajuste del entorno social de la familia y del enfermo. En ocasiones, cuando no tiene lugar una adaptación de la red social a la nueva situación, se produce el aislamiento del enfermo y su familia.

Este aislamiento puede ser consecuencia del cambio de estilo de vida y de la restricción radical de las actividades familiares e individuales del enfermo, así como de las connotaciones socialmente negativas que tienen determinadas enfermedades.
El tener muchos amigos y familiares no implica contar con el apoyo necesario en cada momento, ya que el recibir o no dicho apoyo es un factor de calidad más que de cantidad. En circunstancias de crisis familiar un apoyo social adecuado puede determinar la superación de la situación estresante.

La familia debe tener en cuenta la conveniencia de mantener su entorno social y la importancia que tiene el mismo en el enfermo y sus cuidados.

En ocasiones, el enfermo es evitado por los amigos y/o compañeros que eluden realizar visitas en este periodo, por temor a no saber qué decir y qué hacer en su presencia. Piensan que el enfermo prefiere estar solo, sienten que la relación ha cambiado y se genera una situación conflictiva en la que aumenta el malestar y ansiedad, por lo que se evitan visitas sucesivas.

En situaciones difíciles poder hablar y comunicarse abiertamente con los demás es una ayuda inestimable. Una comunicación clara y positiva entre el enfermo y la familia va a facilitar el bienestar de todos y la búsqueda de soluciones. Poder expresar y compartir los sentimientos y las preocupaciones con las personas más cercanas es la mejor de las terapias.

Todos los miembros de la familia pueden tener miedo ante lo desconocido de la enfermedad, sentir tristeza y abatimiento porque no saben qué hacer o decir. Es una etapa difícil para todos porque saben que el enfermo sufre, y en ocasiones no saben qué hacer para que se encuentre mejor.