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Una familia grande con hartos niños a quien entregarles todo su cariño, era lo que siempre soñaron Betzabeth y su esposo. Y así llegó el primero hace 15 años, Nicolás con el que tuvo ciertas complicaciones durante el embarazo por causas desconocidas, pero finalmente resultó todo bien.

Esta pareja decidió postergar la idea de aumentar la familia para que Betzabeth cumpliera con sus ansias de estudiar Enfermería en la universidad. Luego de terminar la carrera, comenzó a trabajar inmediatamente y al paso de unos meses decidieron que ya era hora de buscar otro bebé. “Ahí comenzó nuestro caos…con pérdidas, abortos. La verdad es que fue un periodo súper triste” confesó.

Variados especialistas, exámenes, ilusiones y muchos embarazos con un fin trágico (alrededor de nueve), los llevaron a desistir de su propósito. “Hasta que optamos por inducir la ovulación, pero seguía sin resultar nada. En uno de los tantos intentos con y sin medicamentos, logramos el embarazo de la Emilia” contó.

Con ella el embarazo iba impecable, a las 12 semanas le realizaron la ecografía de rigor, que en esos años no era doppler, y se veía todo perfecto. Hasta que llegó la ecografía doppler a las 22 semanas. “Justo para mi cumpleaños, entonces estaba contenta, era un día especial… pero el doctor nos dijo que las cosas no se veían bien, que había una alteración de los flujos placentarios por alzas de presiones”. La bebé estaba con retraso en el crecimiento intrauterino y requería de hospitalización inmediata, con medicamentos y reposo absoluto para lograr mantenerla el máximo tiempo posible.

Lamentablemente y pese a todos los esfuerzos, debió interrumpirse el embarazo a las 26 semanas, pero Emilia tenía un crecimiento menor a lo esperado, por lo que no resistió y falleció a los pocos días. “Yo creo que lo más triste que te pueden decir es que si hubiéramos hecho la eco doppler entre las 11 y 14 semanas, mi hija estaría viva… Era algo tan simple”

Nuevamente decidieron dejar de intentar tener un nuevo hijo por “sanidad física y psicológica” y escogieron aumentar la familia a través de la adopción, lo que tampoco dio los resultados que esperaban. Ya no quedaba más que descansar de tantos momentos de sufrimiento y se fueron de vacaciones fuera de Chile para desconectarse de todo aunque sea por unos días.

Al parecer ese merecido descanso era lo que necesitaban…”Cuando regresamos me di cuenta de que estaba con atraso. Tuve sentimientos encontrados, salió el test positivo y me puse a llorar de felicidad”. En esta oportunidad afortunadamente ya se conocían los beneficios y la importancia de realizarse una Ecografía Doppler antes, así que con este exámen pudo confirmar que todo estaba bien.

Luego de todos los intentos fallidos, el dolor de las pérdidas y las falsas ilusiones, a las 38 semanas nació Josefa sin complicaciones y actualmente lleva un poco más de un año disfrutando del amor de sus padres y su hermano Nicolás.